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martes, 14 de enero de 2014

La utopía sirve para no dejar de caminar

(Intervención el 22/12/2013 en la ponencia "Llamarla democracia y que lo sea".

El camino hacia a una verdadera democracia será largo, arduo e incierto. Porque quienes tienen el capital, que es el que otorga el poder real, utilizan a discreción ese poder para evitar perderlo. La maquinaria del estado, con todo su aparato represivo y adoctrinador, está a sus órdenes a través de sus "bien pagás" marionetas de los partidos mayoritarios. Controlan los medios de comunicación. Tienen infiltrados a sueldo manipulando desde dentro todos los partidos políticos y movimientos sociales alternativos relevantes. Y si alguien que no controlan llega a una posición clave de toma de decisiones y la pone sinceramente al servicio del pueblo, empezarán por intentar corromperlo. Si eso no funciona lo amenazarán, difamarán y zancadillearán mediante traidores; si todo falla tratarán de eliminarlo físicamente.

Ante esta sombría perspectiva, una primera estrategia es no esperar tanto para vivir en una sociedad mejor, sino tratar de construirla y vivirla aquí y ahora al margen del estado, creando cooperativas, grupos de apoyo mutuo, comunidades intencionales, etc. Eso nos permitirá poner a prueba y pulir a pequeña escala estrategias de autosuficiencia y sostenibilidad, de organización social y laboral, de resolución de conflictos y toma de decisiones. Y serán el mejor medio para evolucionar como personas conscientes, comprometidas y críticas, para desenmascarar juntos las mentiras que nos cuenta el poder para que apoyemos sus iniciativas, y para desmontar la parte del "sistema" que todos tenemos "infiltrada" en nuestra propia mentalidad y comportamientos.

Simultáneamente podemos participar en partidos y movimientos sociales con una posición de permanente crítica constructiva, sacando a la luz las conductas que reproducen esquemas del sistema que queremos cambiar, como el culto a los líderes consagrados, el cierre de filas corporativo ante la crítica o la petición de explicaciones, o la descalificación sin argumentos (o mediante falsedad y manipulación) de las visiones discordantes en aras de un "nuevo" pensamiento único.

Y sí, podemos participar en un proceso constituyente que rompa las ataduras tramposas con que el sistema se disfraza de "democrático", pero volverá a surgir el "hecha la ley hecha la trampa", y habrá que seguir y seguir en evolución permanente.

Lo más esencial es un cambio integral de cultura, que ha de ocurrir en cada persona. Del dominio al cuidado, de la competencia a la cooperación, de la propiedad al compartir, de la uniformidad a la celebración de la diversidad, de la postura defensiva ante la crítica a verla como una oportunidad de crecer, de la ocultación a la transparencia.

Una sociedad realmente democrática ha de ser no capitalista, con límites estrechos a la propiedad privada y a la herencia; ha de ser libre, igualitaria, fraterna y sostenible; no dogmática, sin "verdades" incuestionadas; no ha de tolerar ninguna forma de imposición ni de privilegio. Tal vez la verdadera democracia no difiera de la verdadera anarquía.