(Intervención el 22/12/2013 en la ponencia "Llamarla democracia y que lo sea".
El camino hacia a una verdadera democracia será largo, arduo e
incierto. Porque quienes tienen el capital, que es el que otorga el
poder real, utilizan a discreción ese poder para evitar perderlo. La
maquinaria del estado, con todo su aparato represivo y adoctrinador,
está a sus órdenes a través de sus "bien pagás" marionetas de los
partidos mayoritarios. Controlan los medios de comunicación. Tienen
infiltrados a sueldo manipulando desde dentro todos los partidos
políticos y movimientos sociales alternativos relevantes. Y si alguien
que no controlan llega a una posición clave de toma de decisiones y la
pone sinceramente al servicio del pueblo, empezarán por intentar
corromperlo. Si eso no funciona lo amenazarán, difamarán y
zancadillearán mediante traidores; si todo falla tratarán de eliminarlo
físicamente.
Ante esta sombría perspectiva, una primera estrategia es no esperar
tanto para vivir en una sociedad mejor, sino tratar de construirla y
vivirla aquí y ahora al margen del estado, creando cooperativas, grupos
de apoyo mutuo, comunidades intencionales, etc. Eso nos permitirá poner a
prueba y pulir a pequeña escala estrategias de autosuficiencia y
sostenibilidad, de organización social y laboral, de resolución de
conflictos y toma de decisiones. Y serán el mejor medio para evolucionar
como personas conscientes, comprometidas y críticas, para desenmascarar
juntos las mentiras que nos cuenta el poder para que apoyemos sus
iniciativas, y para desmontar la parte del "sistema" que todos tenemos
"infiltrada" en nuestra propia mentalidad y comportamientos.
Simultáneamente podemos participar en partidos y movimientos
sociales con una posición de permanente crítica constructiva, sacando a
la luz las conductas que reproducen esquemas del sistema que queremos
cambiar, como el culto a los líderes consagrados, el cierre de filas
corporativo ante la crítica o la petición de explicaciones, o la
descalificación sin argumentos (o mediante falsedad y manipulación) de
las visiones discordantes en aras de un "nuevo" pensamiento único.
Y sí, podemos participar en un proceso constituyente que rompa las
ataduras tramposas con que el sistema se disfraza de "democrático", pero
volverá a surgir el "hecha la ley hecha la trampa", y habrá que seguir y
seguir en evolución permanente.
Lo más esencial es un cambio integral de cultura, que ha de ocurrir
en cada persona. Del dominio al cuidado, de la competencia a la
cooperación, de la propiedad al compartir, de la uniformidad a la
celebración de la diversidad, de la postura defensiva ante la crítica a
verla como una oportunidad de crecer, de la ocultación a la
transparencia.
Una sociedad realmente democrática ha de ser no capitalista, con
límites estrechos a la propiedad privada y a la herencia; ha de ser
libre, igualitaria, fraterna y sostenible; no dogmática, sin "verdades"
incuestionadas; no ha de tolerar ninguna forma de imposición ni de
privilegio. Tal vez la verdadera democracia no difiera de la verdadera
anarquía.
No hay comentarios:
Publicar un comentario