Lo que pasa es que para la derecha es muy fácil estar unida porque su tarea es muy fácil: mantener las cosas como están. Para ello basta saber quién manda y obedecer. Pero la tarea de la izquierda es un rompecabezas casi insoluble, y en ese "casi" habita la esperanza.
¿Cómo sabemos si una forma de organización social y política que aún no existe va a funcionar o no? ¿Cómo llegar a ella? ¿Quién le pone el cascabel al gato?
Y luego está el problema de la infiltración. Los movimientos revolucionarios están llenos de infiltrados a sueldo del poder con la misión de manipularlos y llevarlos hacia donde el poder quiere. Y para colmo ante esa evidencia existe el peligro de acusar de infiltrado a quien no lo es.
La unidad que buscamos ha de ser unidad en la diversidad: no solo hemos de respetar la diversidad sino "celebrarla". Y si nos metemos en la política institucional con la ilusión de ganar unas elecciones, tengamos muy claro que no es para intentar construir la utopía desde arriba, desde el gobierno: eso en el mejor de los casos conduce al fracaso y en el peor a la distopía. Bastante logro sería atajar la corrupción y la represión, redistribuir la riqueza y defender seriamente el medio ambiente. Si queremos utopía, hemos de practicarla y experimentarla aquí y ahora, al margen del estado, creando comunidad, cooperando y conviviendo con quienes compartamos la misma visión (o suficientemente parecida) de ella.
No hay comentarios:
Publicar un comentario